Header image  
header image 2
Juntos Derrotemos al Sida
  || Inicio||[English Version]
   
 
Casos Reales

Estos casos

 son entrevistas reales de pacientes que padecen de esta enfermedad.

Nada como conocer la realidad que viven los pacientes.

Se hacen algunos comentarios, pero definitivamente usted, sacará las

 mejores conclusiones

para su vida y familia. Los nombres han sido cambiados, pero las historias son totalmente reales.

Amelia y Juan

Juan cursaba el primer semestre de la escuela preparatoria local. Dos años mayor que sus compañeros, era el capitán de la banda de guerra de la escuela, y también un buen basquetbolista. En el torneo intramuros su equipo ganó el segundo lugar en el torneo intramuros, y fue seleccionado para el equipo de la escuela. Vestía bien, y caminaba erguido, rara vez perdía el control y hablaba sin groserías. Tenía 18 años cumplidos.

Amelia entró en la preparatoria con los recuerdos frescos de su fiesta de cumpleaños, aunque desde los catorce aparentaba diecisiete, y desde los trece observaba a los muchachos con atención, ahora se esforzaría por subir su promedio arriba del “8.5”  en todas la materias, pues de lograrlo, sus padres le darían permiso de lo que más quería, el tener novio.  

Se conocieron desde el primer día de clases. Para Amelia era evidente que Juan estaba más maduro que el resto de sus compañeros, hablaba sin titubear, moderaba su risa, sus movimientos eran suaves y firmes, sonreía, gozaba cuando lo veía con su uniforme de capitán de la banda de guerra y sufría cuando fallaba una anotación en el juego de básquetbol.  Para Juan, Amelia no significó mucho al principio, pero cuando la naturaleza maduró el cuerpo de Amelia, se dio cuenta de que sólo un ciego no podría apreciar tal muchacha, además de que ella empezó a destacar como alumna, y bailaba con pocos muchachos. Juan pensó que Amelia no era una chica fácil y decidió pretenderla.

Después de cuatro meses de haberse conocido, platicaban y empezaron a trabajar juntos en las tareas, y antes de un mes se habían comprometido.

Los trabajos procuraban hacerlos de las cuatro de la tarde en adelante, después de comer, pero pronto aprendieron que era mejor después de las cinco, aún mejor después de las seis, siete y ocho de la noche. Los padres de Aemlia intuyeron algo, pero no hicieron nada, debido a que siempre la localizaban pero no por ello una “dudilla” les daba comezón. La realidad era que terminaban sus tareas y luego aprovechaban el tiempo para vivir su noviazgo.

Una vez llegó Aemlia a su casa a la una de la madrugada, y sus padres la perdonaron. Se comprometió a llegar a más tardar a las diez de la noche. Lo que hicieron es juntarse a estudiar a los cinco de la tarde, generalmente terminaban a las siete y así tenían tres horas para su noviazgo.

A los dos meses de noviazgo se besaban y acariciaban intensamente, a los cuatro ya sus manos no tenían que palpar nada, a los cinco faltó la regla…

Juan estaba seguro de su amor por su novia y decidió afrontar la situación, casándose con Amelia. Los padres de Amelia y los de Juan vivían la misma situación: no podían sostener otra familia por lo cual Juan debía dejar la escuela y conseguir trabajo en una maquiladora con sueldo mínimo, así tendría derecho al seguro medico, y atender a su esposa cuando naciera el niño. Para Juan, significaba decir adiós a la Facultad de Medicina, y para Amelia el no poder cursar la carrera de Derecho. Ambos estaban optimistas, sin saber lo que les esperaba.

Solicitaron el matrimonio civil y por la iglesia esa misma semana que comunicaron lo sucedido a sus padres. La iglesia pedía el matrimonio civil, por lo cual acudieron a las oficinas del municipio correspondientes donde aceptaron casarlos, pero faltaba además del permiso de los padres de Amelia (por ser menor de edad), los exámenes prenupciales.

Para ello debían hacerse exámenes de sangre en un laboratorio clínico, y localizando uno fueron al día siguiente. Los resultados estuvieron esa misma tarde.

El joven que les entregaría los exámenes pidió sus domicilios, teléfonos y otros datos. Les extrañó… Para qué, si a nadie les pedían estos datos…

Al abrir los sobres se dieron cuenta de que ambos eran positivos al HIV. Amelia insistió en que solo había tenido relaciones sexuales con Juan, quién no podía negarlo. Después de muchos días de amargas discusiones, Juan confesó que tuvo relaciones sexuales con una prostituta un año antes, pero que había sido con condón, y aseguro que lo había usado correctamente...

Amelia estaba muy lastimada. Tenía dos meses de embarazo, y decidió  abortar al saber que su hijo casi seguramente estaría infectado ya de HIV. Esa misma semana abortó y despidió a Juan para siempre, quien estaba muy turbado ya que amaba a su novia, podían enfrentar la vida juntos pero ella decidía irse…

Amelia “enloqueció” del dolor, y decidió vengarse. Años después confesó que en dos meses había contagiado a ocho personas, dos casados, dos profesores, tres estudiantes y un desconocido que acudía regularmente a un templo. Con el transcurso de los años contagió  a muchos más…

De Juan sólo se supo que murió siete años más tarde en un hospital para enfermos de Sida en los Estados Unidos.

Beatriz murió siete años más tarde. Dos días antes de morir contó su larga historia, de lo que esto es una síntesis, esperando que te sirviera a ti. Murió esquelética, después de dos meses de diarreas incontrolables, muy amargada del daño que había hecho, dudando del perdón de Dios. En el momento de su partida estaba sola, cuando llegó la enfermera que le atendía, encontró su cuerpo frío, a media mañana. Sus padres estaban trabajando, sus hermanos con sus familias, amigos no tenía…

  

Comentario

Esta historia nos confirma que la prostitucion es la que más contagia el SIDA a la sociedad. Que los condones no son seguros, que los jóvenes de 14 a 25 años son los más afectados y la ruina que puede ocurrir por las relaciones sexuales sin hacer antes el examen de HIV. Juan parecía un joven saludable. Una joven hermosa como Beatriz, que ofrece una fácil aventura nos puede estar regalando el HIV.   

Pedrito

“Sólo fueron tres veces”, contestó el muchachito de diecisiete años al preguntar el doctor qué le pasaba. El joven tenía un ojo totalmente fuera de la cavidad ocular, siendo empujado por una masa friable y sangrante, que además supuraba fétidamente y a quien todos veían en la sala de espera de urgencias. 

No entiendo, joven, contestó el médico…

Sí, sólo fui tres veces con las prostitutas hace dos años, y me contagié de SIDA. Al año me vino un tumor en la cavidad ocular y me ha aventado el ojo hacia fuera. Es lo que me pasa. Tengo dolores horribles, que deseo que me calme… Según dicen, no puedo esperar una vida mayor de seis meses por las ramificaciones del cáncer en todo mi organismo. En realidad, quisiera morir ya… 

Pedrito fue atendido en la sala de urgencias. Se le extirpó el ojo, y parte del tumor una vez controlada la infección dos días más tarde. Murió treinta días después…   

Rosa

Tengo setenta y dos años, y hace cuatro me contagié de SIDA, pero no como usted pudiera pensar…

A los sesenta y ocho años me sentía totalmente bien, pero de pronto comencé a sangrar de nuevo. Sabiendo que esto era totalmente anormal, consulté al ginecólogo quien después de varios estudios concluyó que padecía de cáncer de útero. Había perdido mucha sangre por lo cual estaba anémica y debía operarme, lo cual

Entrañaba un riesgo adicional de pérdida de sangre adicional por lo cual solicitaron donadores. Mi hermano Julián donó medio litro y mi prima Ruth otro medio. La operación fue un éxito, pero me tuvieron que poner un litro de sangre. Hace dos años enfermé de neumonía en verano, por lo cual los médicos sospecharon algo raro. Varias veces me preguntaron si había tenido alguna aventurilla sexual, pero desde hace treinta años que murió mi marido no he gozado del sexo. Día tras día me preguntaban sobre lo mismo, durante una semana. Por fin me informaron que tenía SIDA lo cual me cayó como un rayo…

¿De dónde si no había tenido sexo? Mediante un interrogatorio detallado se sospechó de mi hermano Julián fallecido unos meses antes, y de Ruth, mi prima. Investigaron a Ruth por exámenes de sangre y resultó “limpia”, ¿sería Julián mi hermano?

Incidentes en los que nunca había pensado tomaron significado. En el funeral de Julián, a 800 kilómetros de aquí  recordé que mi cuñada se había peleado con un hombre que fue al funeral, y le corrió muy enojada. No queriendo hacer mayor el sainete hice como si nada hubiera presenciado. Hablé por teléfono con mi cuñada sobre el incidente y me confió que tal hombre y mi hermano habían sido sorprendidos teniendo relaciones sexuales bajo unos árboles, junto a los cuales se le hizo raro ver la camioneta de mi hermano cuando regresaba de hacer unas compras en la ciudad, yendo de regreso a la granja donde vivían desde que se casaron cuando eran  jóvenes. Eso significaba que la bisexualidad de Julián continuaba hasta sus sesenta años, detectada por mí desde su adolescencia.

Cuando me donó la sangre, los resultados de detección de HIV-Sida fueron normales

y hay registros de ello en el hospital local donde me operaron… Acepté su sangre aunque sabia que, pensaba yo, había sido homosexual ya que su examen de HIV era negativo. También era algo borrachito, y diabético.  

Nunca me he inyectado drogas, aplicado tatuajes, ni siquiera he ido al dentista los últimos veinte años. Los médicos rastrearon el certificado de defunción de mi hermano, siendo referido que murió de diarreas prolongadas, y mi cuñada fue checada recientemente debido al descubrimiento del HIV en mi sangre, dando ella positivo al HIV.

Comentario

Es de suponer que Julián se había contagiado de HIV muy recientemente cuando donó sangre a su hermana Rosa, dando negativo al examen de HIV que le realizaron para que donase sangre. Una persona recién contagiada puede dar negativo al HIV, generalmente, durante quince a treinta días después del contagio. Falleció de SIDA a los dos años de contagiado, seguramente propiciado por la ancianidad, la embriaguez y la diabetes.

 

 

 

Fernanda

No quiso denunciar Fernanda a los ocho muchachos que la violaron masivamente. Pero invitó a la televisión donde frente a la sociedad las cámaras mostraban los

rostros de Justino,

Adrián, Felipe, Nefi, Gustavo, Juan, Rosendo y Omar.

¿De manera que no quiere levantar la demanda por violación contra estos pandilleros, señorita? Preguntó el oficial de policía…

De ninguna manera, solo quiero informar a la sociedad que todos ellos ya tienen SIDA, que yo la padezco desde hace dos años que me contagió mi exnovio,  quien a su vez adquirió el SIDA de las prostitutas. Solo quería que toda la sociedad supiera del estado de salud de estos jóvenes.

Usted se equivoca, señorita, enfatizó el policía.

¿Por qué?

Porque la violación es un delito que se persigue de oficio, y estos jóvenes irán a la cárcel, mínimo por ocho a diez años, los perdone usted o no. 

 

La “Baby Ruth”

La niña Ruth de dos años no curaba de infecciones de la piel, semana a semana se repetía lo mismo. Tenía cara de “baby” por lo cual el sarcasmo de sus vecinos la llamaban igual que al legendario beisbolista de los años treinta del siglo veinte. Un médico ante las infecciones repetitivas de piel, y pulmones mandó hacer un examen de SIDA y “Baby Ruth” salió positiva… Los médicos llamaron a los padres y les pidieron sangre, para transfundirla a la niña, y ambos dieron positivo al HIV…

Realizando el estudio epidemiológico los padres residentes de una ciudad fronteriza,

Eran inmigrantes del interior de la República. Se conocieron en la frontera, en la maquiladora donde trabajaban. Fueron a casarse al pueblo de ella, y en la oficina del Registro civil les dispensaron los “exámenes prenupciales” debido a que el laboratorio más cercano estaba a 200 kilómetros del pueblo, en la capital del estado. Ella se había guardado hasta el matrimonio, para darle la mayor satisfacción a su esposo. Se casaron también por la iglesia.

Fermín es él y ella Magdalena. Fermín era adicto a las prostitutas y confesó que antes de casarse, se había acostado por lo menos con veinticinco mujeres públicas de varios estados. “Baby Ruth” murió de neumonía un mes después de detectada como niña con HIV, ellos continúan vivos y sin trabajo; alguien se dio cuenta y les despidieron de la maquiladora donde trabajaban.

 

Comentario

Magdalena confió en Fermín, se entregó por amor y sin examen de HIV, siendo contagiada y teniendo una hija con HIV. Magdalena y su hija Ruth son dos de las muchas  “victimas inocentes” que hay por el SIDA.